Los primeros segundos del video en Internet

Publicada el Autor Juan Mateos VillegasDeja un comentario
La publicidad “productista” es como esos vendedores que “hacen el artículo” sin saber siquiera qué buscamos. (Ilustración de Juan Vaquerizo)

Todos sabemos que la comunicación es un proceso muy complejo en el que el emisor debe tender un cable de comunicación al receptor para que este acepte la conexión. El que este cable conecte dependerá de un factor de interés. Y es muy difícil que ese “enganche” se produzca de manera eficaz si no somos capaces de proporcionar, y además de forma inmediata, una buena razón para que nuestro interlocutor nos dedique su atención.

La comunicación, por otra parte,  es una actividad que funciona con parámetros muy similares sea cual sea el medio en el que se produzca. Lo que nos es creíble, agradable, atractivo o llamativo en una comunicación presencial, suele serlo también en una comunicación en pantalla, siempre que seamos capaces, eso sí, de manejar los recursos específicos de cada medio. Para entendernos mejor: una sonrisa agradable propicia una buena entrada entre personas. Esa misma sonrisa funciona también en vídeo pero requerirá un primer plano del personaje, porque si no la sonrisa se perderá en la pantalla.

Nadie se presenta en una reunión diciendo “Hola, soy fulano, tengo un master en nosequé y soy el mejor profesional de mi sector”. Porque podremos ser vanidosos, pero nunca tan estrechos de mente como para no ser capaces de movernos con cierta sutileza y saber medir los tiempos y las estrategias para poner en valor nuestras presuntas virtudes. Sin embargo, nuestra obsesión de hablar de nuestro producto hace que, en muchas ocasiones, perdamos de vista esta lógica de la comunicación. De pronto, nos aparece una máquina en la pantalla, mas bien feúcha y muy parecida a todos los demás y nos dice: “Hola soy la nueva máquina X, mejor que ninguna otra y hago esto y esto como nadie”. En tiempos dónde todos los medios intentan que los anuncios publicitarios no lo parezcan, llegamos nosotros y nos empeñamos en que quede muy clarito que endosamos publicidad dura a nuestros interlocutores…

Los primeros 15 segundos van a ser siempre claves en el vídeo. Las estrategias más habituales pasan por realizar la identificación de necesidades “¿Cansado de sufrir siempre el problema X?. la de prometer soluciones motivadoras  “Hacemos posible que consigas esto” o, más difícil todavía,  la de crear expectativas de que , te interese o no, lo que vas a ver en este vídeo te va a divertir. Claro que si se trata de un vídeo tutorial, prometer 2 o más minutos de diversión requiere auténtica habilidad como guionista o tener un producto que de la risa casi sólo con mirarlo –lo que no suele ser una buena noticia para el producto salvo que vendamos artículos de broma. Sí que es fácil al menos garantizar desde el primer momento amenidad y un sentido creíble de preocupación por solucionarle problemas al espectador más que por vender nuestro producto.

Identificar este posible arranque motivador requiere contar con experiencia en los criterios de búsqueda de los usuarios y, en la medida de lo posible, con un buen briefing que determine claramente nuestro público objetivo. A partir de ahí, debemos cuidar el equilibrio lógico entre el impacto inicial del vídeo y lo que puede ser el desarrollo total del mismo, porque tampoco podemos correr e riesgo de que su desarrollo no sea capaz de mostrar las expectativas propuestas.

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